Esa sensación de que todas las mañanas era testigo de un acto tan esquizofrénico, tan brillante, tan único, era mágica. Más de una vez viajando en el colectivo a la mañana se me escapaba una carcajada que me convertía en el centro de atención de todos los pasajeros. Algunos incluso me han mirado con disgusto, con cara de “este no es lugar para reírse así”. Y un poco me gustaba esa sensación. Todos serios, callados, preocupados y de golpe una risa ridícula rompe el hielo. Un loco con auriculares que ríe solo. Pobres de aquellos que nunca tuvieron la suerte de reírse con las locuras de Fernado Peña y de sus múltiples caras.
Hoy, 17 de Junio de 2010, se cumplió un año de la muerte de Fernando Peña. La gente de la Metro bautizó un estudio con su nombre y lo coronaron con esta placa. Realmente hoy me emocioné durante la lectura de las palabras grabadas en ella. Mientras tanto él, en algún lugar, se caga de risa de todos. Nosotros estamos tristes recordándolo. Él seguro sigue de fiesta.
¡Chau y gracias, puto lindo!
De lo mejor que dio el mundo!
ResponderEliminarTe hacia reír, llorar y sobre todo pensar.
Otro chau!